Mejor unidos (contra el catalán)

por Administrador

Si hay algo que canse de España en Catalunya es su empeño en tutelar el bilingüismo de los catalanes, como si estos no se bastaran para administrarlo y necesitaran de los consejos, las enmiendas y las reprobaciones de todos los españoles, en especial de los españoles de la España monolingüe. Si la llegada de la democracia trajo la implantación progresiva y consensuada de políticas de normalización lingüística para poner fin a la secular postergación de la lengua catalana, también supuso que estas fueran cuestionadas sistemáticamente desde que empezaron a implantarse. Expresiones como “batalla de las lenguas” o “conflicto lingüístico” han pasado a formar parte de la jerga mediática española y ello a pesar de que los catalanes no han tenido problema alguno con su bilingüismo.

Entre los sectores empeñados en crear y avivar este falso conflicto destacan formaciones políticas -PP, UPyD, C’s y en menor medida el PSOE-, medios de comunicación -ABC, La Razón, El Mundo, la COPE, etc.-, los firmantes del manifiesto de los 2300 impulsado por Jiménez Losantos en 1981 (“por la igualdad de derechos lingüísticos en Cataluña”), la organización Convivencia Cívica Catalana impulsada por Vidal Quadras a principios de los 90, el Foro Babel de mediados de los 90 -embrión del manifiesto “por un nuevo partido político en Catalunya” y del partido Ciudadanos (C’s)-, y los firmantes del manifiesto por la lengua común en 2008.

Lejos de ir dirigidas a lograr una pronta normalización lingüística del catalán, las criticas de todos estos sectores siempre han ido encaminadas a cuestionar su necesidad o a tratar de imponer lo que a su juicio debía ser esa normalización, casi siempre en base a los principios de la España Una monolingüe –la España de matriz castellana- y la mayoría de las veces sin la menor consideración a lo que hubieran decidido democráticamente los catalanes por amplia mayoría –la ley de normalizción de 1983 se aprobó por unanimidad y sus modificaciones posteriores solo tuvieron el voto contrario del PP y C’s, residuales en Catalunya-.

Para estos sectores la normalización debería haber consistido simplemente en “conceder” a los catalanohablantes que pudieran disponer de una enseñanza en su lengua habitual y que pudieran emplearla en su relación con la administración –solo con la catalana, claro está-, pero en ningún caso en la adopción de la lengua propia de Catalunya como lengua de uso habitual de sus instituciones y de la enseñanza, algo que les parece un atropello a su idea uniforme de España, cuando no a su identidad nacional, justo lo que echan en cara a los nacionalistas periféricos, por más que se escondan tras eufemismos como el de ciudadanía. De una forma falaz han defendido que se llevara el bilingüismo de la calle a la administración, pasando por alto de forma interesada que en la calle lo que hay son catalanes bilingües y monolingües y que estos últimos son solo castellanohablantes. Por mucho que suelen llenarse la boca hablando de bilingüismo y de respeto al catalán, lo que han defendido en la práctica durante todo este tiempo es que los monolingües castellanohablantes pudieran seguir siéndolo.

El objetivo de la política lingüística seguida en el sistema educativo catalán estuvo claro desde sus inicios: extender el bilingüismo a toda la sociedad catalana para tener una única comunidad bilingüe sin guetos lingüísticos, garantizando la igualdad de oportunidades y una mayor cohesión social. Algo repetido hasta la saciedad y que sus detractores en ocasiones han llegado a reconocer como objetivos propios, pero siempre poniendo por delante del binomio monolingüe-bilingüe, la diferenciación entre catalanohablantes y castellanohablantes. Aunque no lo digan, parten de la idea de dos comunidades insolubles y contrapuestas: ese es el modelo de convivencia que han propuesto para Catalunya todos estos años y esto es lo único que hay detrás de toda su retórica victimista. ¿Cooficialidad entre castellano y catalán? ¿Derecho a la educación en castellano? ¿Recursos judiciales? ¿Imposición del catalán como lengua única y excluyente? ¿Plan premeditado para acabar con el castellano en Catalunya? Todo retórica victimista al servicio del conflicto lingüístico que no existe en Catalunya y que ellos mismos han tratado de crear desde la transición. Eso y la voluntad política de dividir a los catalanes para que no fastidien el proyecto de construcción de la España-Una. Ante la incapacidad de integrar, asimilación mediante imposición.

Hoy en día ya abundan en el área metropolitana de Barcelona los catalanes que hablan el catalán sin que uno pueda saber si sus progenitores son catalanohablantes o castellanohablantes, lo que prueba el éxito de las políticas llevadas a cabo. A pesar de esto, “la batalla de las lenguas” sigue siendo tema de actualidad. En el meollo del asunto, como en todo lo que rodea a la viciada relación Catalunya-España, está la idea de Catalunya como simple división administrativa de España concedida por todos los españoles, sus legítimos propietarios, y el ancestral recelo hacia los catalanes. Una idea de Catalunya que parte del profundo desconocimiento de la realidad catalana o de su negación y que las últimas movilizaciones independentistas se han encargado de evidenciar, por mucho que ahora se recurra a teorías de la conspiración y del adoctrinamiento para explicar lo sucedido.

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