La normalización del catalán, problema de toda España

por Administrador

“Es necesario que todos los españoles, y no sólo los catalanes, reconozcan y asuman que el catalán es la lengua propia de Cataluña, y que esto no es incompatible con el carácter de lengua común de todos los españoles que la Constitución reconoce al castellano. (…) Esperamos de la solidaridad de todos los españoles el apoyo necesario para nuestra normalización lingüística, que es esencial para nosotros, pero también para la consolidación del «Estado de las autonomías» que nos hemos propuesto construir entre todos.”

Artículo de Aina Moll, directora general de Política Lingüística de la Generalidad de Cataluña, publicado en El País (3/10/1980)


Los catalanes repetimos constantemente que la normalización del catalán es un aspecto fundamental del proceso de recuperación de identidad que Cataluña ha iniciado con la promulgación del Estatuto. Pero a menudo nos olvidamos de añadir que para conseguir esa normalización necesitamos la solidaridad de los no catalanes. Y, al decir los no catalanes, no me refiero, naturalmente, a los ciudadanos de Cataluña procedentes de otros pueblos de España -cuya colaboración y militancia en el proceso nos son absolutamente indispensables-, puesto que ellos son catalanes, sino a los integrantes de las otras nacionalidades y regiones españolas. Es necesario que todos los españoles, y no sólo los catalanes, reconozcan y asuman que el catalán es la lengua propia de Cataluña, y que esto no es incompatible con el carácter de lengua común de todos los españoles que la Constitución reconoce al castellano. Al contrario, el catalán es una de estas otras lenguas españolas que, según el mismo artículo 3 de la Constitución, «serán también oficiales en las respectivas c,omunidades autónomas de acuerdo con sus estatutos», y que son «un patrímonio lingüístico y cultural que será objeto de especial respeto y protección».

Si los catalanes nos olvidamos de hacer constar esta necesidad de solidaridad, no es de extrañar que, desde túera de Cataluña, el problema de la normalización del catalán se vea como algo que afecta exclusivamente a la comunidad catalana y se enfioque, sobre todo, desde el punto de vista de la necesidad de salvaguardar en ella el mantenimiento del uso del castellano.

Varios distinguidos articulistas (Laín Entralgo, Aranguren, Lázaro Carreter, etcétera) han tratado el tema últimamente, demostrando una acertada visión de nuestro derecho a recobrar el pleno uso de la lengua propia (del cual fuimos despojados en nombre del derecho de conquista) con manifestaciones tan rotundas como que «el catalán es, y debe ser, la lengua de Cataluña» (Laín Entralgo, en la Gaceta Ilustrada), o que para los catalanes la lengua catalana es «la verdadera, la irrenunciablemente propia» (Lázaro Carreter, Abc, 1-6-1980). Sin embargo, todos se muestran preocupados por evitar una posible marginación del castellano en Cataluña, hasta el punto de que sus artículos acaban siendo una apología del castellano y de la necesidad de su conservación, con lo que sus afirmaciones en favor del catalán pasan a un segundo plano.

Tales temores me parecen por completo infundados; no sólo porque tanto la Constitución como el Estatuto de Cataluña (aprobado en el Parlamento español y aceptado en referéndum por la gran mayoría de los catalanes) lo hacen imposible, sino porque la actual situación sociolingüística y sociocultural del país, lo imposibilitaría igualmente, en el hipotético caso de que nos lo propusiéramos.

En cambio, esa situación juega fuertemente en contra de la normalización del catalán. No es fácil el acceso de una lengua a la situación de lengua oficial -en la práctica, y no sólo en los textos legales- cuando su reconocimiento se produce tras una larguísima etapa de marginación, en una sociedad formada por un elevadísimo porcentaje de individuos que sólo la poseen a nivel de lengua hablada en registro támiliar, y para toda manifestación cultura¡ o de lengua escrita usan otra lengua, que es, además, la lengua materna de una parte considerable de la población, y que ha de seguir siendo oficial en el territorio.

Priticipios básicos

Yo invitaría a todos los españoles en general -como a todos los catalanes- a asumir respecto a la cuestión lingüística en Cataluña los siguientes principios básicos:

  1. «El catalán es la lengua de Cataluña». Los catalanes tenemos el deber irrenunciable de conservar el patrimonio lingüístico recibido de nuestros antepasados y transmitirlo a las generaciones futuras.

  2. «No, es posible ser catalán y rechazarla lengua de Cataluña». Todos los catalanes, independientemente de su origen lingüístico, deben aceptar el catalán como lengua propia del país y común a todos los habitantes.

  3. «Esta aceptación no implica, de ningún modo, la renuncia a la lengua propia del inclividuo». Toda persona tiene derecho al pleno desarrollo en su propia lengua, a cultivarla y a transmitírla a sus hijos. Pero este derecho no es incompatible con el deber de conocer la lengua del país y usarla en la relación social.

Estoy segura de que estos principlos (que están totalmente en la línea de la reciente declaración del Consejo Ejecutivo de la Generalidad de Cataluña sobre el tema lingüístico) son perfectamente aceptables por todos los españoles demócratas y respetuosos de los derechos de toda persona y de toda comunidad. En todo caso, lo son por parte de los articulistas que he citado más arriba, que han sido muy explícitos en el reconocimiento del derecho de los catalanes a su lengua.

Por esto habría deseado que enfiocasen sus artículos en sentido inverso, es decir, que tras declarar que es obvio que el castellano no ha de ser marginado y ha de seguir enseñándose a todos los catalanes en grado suficiente para que puedan usarlo a todos los niveles y en toda circunstancia, hubieran argumentado, con cierta amplitud, por qué el catalán es la lengua propia de Cataluña, por qué debe ser enseñado en el mismo grado que el español a todos los catalanes -incluidos, naturalmente, los hijos de los inmigrantes- y por qué la enseñanza en catalán ha de ser posible cuanto antes para todos los catalanes (de origen o inmigrados) que así lo deseen.

No hay necesidad, en cambio, de defender eso mismo con respecto a la enseñanza en castellano, porque tal cosa está plenamente asegurada por mucho tiempo. Ahora, en Cataluña, no sólo tienen enseñanza en castellano todos los que la desean, sino también muchos que la querrían en catalán y no pueden tenerla porque los actuales medios económicos y de personal no lo permiten.

Si a largo plazo el castellano llegara a encontrarse en peligro de marginación en Cataluña, ya tendrán tiempo de deténderlo, y seguramente encontrarán entre nosotros mucha gente dispuesta a ayudarles en su defensa. En estos momentos es el catalán el que necesita ayuda para acceder al mismo nivel del castellano en Cataluña, tal como lo proclama el Estatuto y lo exige la justicia más elemental. Esperamos de la solidaridad de todos los españoles el apoyo necesario para nuestra normalización lingüística, que es esencial para nosotros, pero también para la consolidación del «Estado de las autonomías» que nos hemos propuesto construir entre todos.

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