1970: la campaña en defensa del catalán

por Administrador

Artículo de Josep Andreu Abelló publicado en El País (16/6/1976)

En estos días se están cumpliendo seis años de la campaña «Catalá a l´escola», patrocinada por Omnium Cultural, que movilizó el pueblo de Cataluña en favor de la enseñanza de su lengua. Esta campaña coincidió con la discusión en las Cortes españolas del proyecto de Ley General de Educación. Fue aquélla una campana que demostró una vez más hasta qué punto el pueblo catalán permanece fiel a su lengua, a pesar de las circunstancias vividas. Más de dos mil corporaciones y entidades de toda Cataluña, entre las que se contaban las más prestigiosas del país, se adhirieron a la campaña. Miles y miles de personas participaron en ella. Y la prensa barcelonesa la apoyó con entusiasmo.

Creo que es bueno, ahora, en que el pueblo de Cataluña vive en plena etapa de resurgimiento, recordar aquella campaña. Porque es hora de que, dentro de lo posible, vayamos intentando conocer y recuperar la historia de nuestro pasado inmediato, que hasta ahora hemos debido silenciar públicamente. Dentro de este intento de recuperación quisiera situar la historia de un artículo que, en aquella campaña del «catalá a l’escola», tuvo una importancia singular. Me refiero al de José María Pemán, titulado «El catalán: un vaso de agua clara».

La campaña había conseguido ya una amplia difusión en Cataluña. En la prensa aparecían largas relaciones de corporaciones, escuelas y entidades de toda Cataluña que se sumaban a la misma. Sus promotores, no obstante, temían que sin apoyo exterior la campaña podía ser cortada, en cualquier momento, por la autoridad gubernativa de Barcelona. Porque el día 3 de abril de aquel 1970 había tenido lugar un debate en las Cortes, en el que el procurador falangista Adolfo Muñoz Alonso había pronunciado su famosa frase sobre el «virus». Se discutía aquel 2 de abril el artículo 1º del proyecto de Ley General de Educación, y un procurador catalán había solicitado que en aquel artículo se hiciera expresa referencia a las «lenguas vernáculas» en lugar de hablarse únicamente de la «incorporación de las peculiaridad había provocado la intervención del procurador falangista Adolfo Muñoz Alonso: «Mucho cuidado con creer que la lengua es sólo vehículo a través del cual los hombres se comunican, porque también a través de ella se filtra el alma y, a veces, los virus para el alma.» La indignación que esta frase provocó en Cataluña es difícilmente descriptible. Y la expresión popular de esta indignación podía provocar que se prohibiera gubernativamente la continuación de la campaña «catalá a l’escola».

Para tratar de estas cuestiones fui invitado a una reunión en el domicilio de la persona que dirigía la campaña, Josep Benet, y allí encontré otras personas que intervenían en la misma, entre las que recuerdo Albert Manent, Jordi Pujol y Salvador Casanovas. Benet, después de explicar la marcha favorable de la campana, expuso los problemas que se planteaban y manifestó que era necesario que alguna personalidad de la intelectualidad española, de Madrid, levantara su voz en favor de la lengua catalana. Concretamente me pidió que me trasladara a Madrid para conseguir que José María Pemán publicara un artículo en el «ABC». Entendía que sólo así podía asegurarse la continuidad de la campaña y, además, conseguir que la opinión pública española se interesara en ella.

Al día siguiente me trasladé a Madrid, provisto de unos dossiers que demostraban la importancia y amplitud quen había alcanzado ya la campaña. Pero yo no conocía personalmente a José María Pemán. Por ello, en Madrid me dirigí a mi amigo José María de Areilza. El conde de Motrico hacía poco tiempo que, en un viaje a Barcelona, había celebrado diversas entrevistas con varios dirigentes de las organizaciones democráticas catalanas de la clandestinidad y había demostrado sumo interés y comprensión hacia las reivindicaciones básicas catalanas. José María de Areilza había dejado en Cataluña el recuerdo de un hombre abierto y liberal. El conde de Motrico comprendió inmediatamente la importancia de mi misión y me ofreció su ayuda. Y así, al instante telefoneó a Pemán, que se encontraba en Jerez de la Frontera, explicándole lo que deseábamos de él. Pemán, sin titubear, aceptó escribir el artículo que pedíamos. El día siguiente, Pemán estaba en Madrid, y al cabo de unas horas entregaba a Areilza la fotocopia del artículo que había escrito. Se titulaba «El catalán: un vaso de agua clara». El conde de Motrico me mandó fotocopia del mismo, acompañada de unas líneas manuscritas en las que me decía: «Querido Josep: Te envío el estupendo artículo para ABC de Pemán sobre el tema. Yo creo que saldrá en seguida. Convendría tener copias preparadas ahí para que lo reproduzcan en seguida «La Vanguardia» y los demás periódicos. Supongo que te gustará. Abrazos.» Pemán había escrito un gran artículo, un estupendo artículo, en defensa de la lengua catalana.

El artículo apareció en el «ABC» el domingo, el día 19 de abril de aquel año 1970. El texto publicado era casi igual al original del ilustre escritor. Digo casi porque, por razones que el lector puede suponer, había desaparecido del original una frase. Es la que destacó subrayándola en el texto que a continuación reproduzco. Pemán explicaba que, poco tiempo después de la entrada de las tropas nacionales en Barcelona, fue invitado a ser mantenedor de unos «Jocs Florals». Y explicaba: «La invitación iba acompañada de unas notas en las que se me adelantaba que no admitirían poemas escritos en catalán, que la «Reina de las fiestas» no sería una señorita, sino la bandera rojo y gualda colocada en el sillón presidencial. También confidencialmente se me rogaba que hiciera la exaltación de Juan Boscán, el primer catalán que, a fines del siglo XV, escribió versos en castellano. Contesté excusándome, porque vi claramente que se organizaba un acto «separatista»: que de una raya o frontera tanto puede uno separarse de un lado como de otro; y por una ley de dinámica social el tirón hacia adentro es correlativo e inseparable del empujón hacia fuera.»

El artículo de José María Pemán fue reproducido en la mayor parte de la prensa española, incluida «La Vanguardia». Y mereció el agradecimiento sincero de todos los catalanes. La campaña «catalá a l’escola» pudo continuar.


 

El catalán, un vaso de agua clara
(José María Pemán, ABC 19/4/1970)

Venir a Madrid, de cuando en cuando, es un modo de encontrarse los problemas socio-políticos (…) En esta ocasión me encuentro -¡Otra vez!- el problema del idioma catalán revivido con ocasión de la enseñanza en las escuelas. Pienso que el primer problema del catalán es este de calificarlo como “problema”. En este caso, como en otros muchos, el problema es el modo de manipular una cosa que en si mismo no lo es. El catalán, en sí, no es un problema: es una evidencia. Lo que ocurre es que las evidencias cobran fisonomía contorsionada de problema cuando son manejadas por los políticos, ¡que esos si que son un problema!

Ahora el tema echa chispas, porque en las Cortes, con ocasión de discutirse la La Ley de Enseñanza se ha dicho que se tuviera cuidado con el catalán que podía ser portador de virus políticos. Es otra vez la suspicacia renacida. Desde el día siguiente de la liberación de Cataluña se vio el camino que iban a emprender algunos, reincidiendo en pasados errores. Estuve en Barcelona en los primeros días. Aparecieron calles y esquinas empapeladas de tiras o rótulos inoficiales con este texte: “No hables catalán, habla la lengua del Imperio.”

[…] Para darse cuenta de que el catalán es una realidad evidente y biológica, basta observar el actual episodio. Plantean el tema restrictivamente los políticos, y le replican a coro la cultura, la antropología, el romanticismo. Se cita la Pacem in Terris, de Juan XXIII, donde dice que hay que “promover el desarrollo humano de las minorías, con medidas eficaces en favor de su lengua, su cultura o sus costumbres”. Se citan también parecidas consignas de la UNESCO. […] Todas estas realidades vivas se sienten dolidas al ver que como se propone cachear a los viajeros de las líneas de aviación, previendo la piratería aérea, se propongan algunos cachear al catalán por si lleva virus escondidos.

[…] Es el caso de los beatos y escrupulosos que cuando el Papa decretó el permiso de beber agua, sin límite de tiempo, antes de la Comunión, encaraban el hecho como una condescendencia melancólica a la que había llegado el Papa porque no tenía más remedio. […] Lo que nos asombra es que durante tantos años y siglos […] se mantuviera esa suspicacia de impureza, frente a una criatura tan limpia y transparente como el agua. Del mismo modo, el catalán no es un hecho que se “conlleva” o al que se resigna uno. […] Hablar o leer o aprender el catalán es un hecho simplicísimo. Se trata de beber un vaso de agua clara.

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