Inmersión y competencias lingüísticas

por Administrador

Como no podía ser de otro modo, a parte de buscar apoyo en tribunales y en organismos internacionales, los nonaionalistas también han tratado de encontrar en los resultados educativos catalanes argumentos que legitimaran su discurso en contra de la inmersión. Ya en 2005, Convivencia Cívica Catalana emitía estudios de elaboración propia utilizando los informes PISA 2003 para cargar contra el sistema de inmersión lingüística en catalán alegando que a igualdad de estatus socioeconómico, los alumnos castellanohablantes obtenían peores resultados porque se encontraban discriminados.

En 2003 las pruebas se centraron en la resolución de problemas de matemáticas y solo tres comunidades decidieron por voluntad propia hacer la prueba por separado del conjunto del Estado. Catalunya fue una de las tres, y no para tratar de avalar la inmersión sino para conocer mejor los resultados educativos en su comunidad (Informe Pisa 2003, pag.25). Los resultados obtenidos en Catalunya estuvieron por encima de la media española y mostraron que “los alumnos que hablan en casa catalán, valenciano y vasco fueron los que obtuvieron puntuaciones promedio superiores a la media del Estado, mientras que los que lo hacen en castellano, gallego y otras lenguas extranjeras obtuvieron puntuaciones inferiores” (Informe Pisa 2003, pag.81)

La revista de educación del ministerio que analizaba los resultados de las pruebas PISA 2006, dedicó un apartado (pag.425/426) a explicar las causas de las desigualdades en el sistema educativo catalán, detacando como principal causa el contexto socioeconómico del alumnado y señalando que el alumnado que tiene el catalán como lengua habitual “presenta un estatus socioeconómico mayor”. En los informes de las pruebas PISA de 2006, 2009 y 2012 no se analiza la lengua habitual del alumnado.

PISA

En Octubre de 2011 Francisco Caja, presidente de Convivencia Civica Catalana, publicaba dos articulos en La Voz de Barcelona denunciando supuestas mentiras de la inmersion lingüística.

En el primero denunciaba que la Generalitat utilizara el informe PISA para avalar los conocimientos de castellano de los estudiantes catalanes alegando que las pruebas, a diferencia del resto del Estado, eran en catalán. Que las pruebas sean en catalán -lo mismo que en Baleares- no prueba nada en contra de la inmersión y el mismo desliz que cometieron Homs y Rigau lo comete Caja al afirmar que “la puntuación a la que alude el señor Homs únicamente hacía referencia al nivel de catalán ya que la prueba realizada por el Ministerio de Educación (…) en Cataluña no evaluó en ningún momento el castellano“. Y lo comete porque la prueba evalúa el nivel de comprensión lectora y no el nivel de conocimiento de una lengua u otra.

Según Caja, los últimos datos disponibles respecto al conocimiento del castellano de todos los escolares de España, correspondian a un informe del Instituto Nacional de Calidad y Evaluación (INCE) y del Consejo Superior de Evaluación del Sistema Educativo de Cataluña (CSDA), del año 2003. Caja atribuye al informe unas conclusiones ciertamente alarmantes para el alumnado catalán, pero uno se tranquiliza cuando ve, en la página web asociación para la tolerancia, que se trata de un informe elaborado por su propia organización.

“Con motivo de la celebración del día internacional de la lengua materna (UNESCO) Convivencia Cívica Catalana presentará ante los medios de comunicación el estudio: «la lengua española en la educación secundaria» (…) el estudio, realizado a partir de datos oficiales extraídos de los estudios efectuados por el Instituto Nacional de Calidad y Evaluación (INCE) y el Consejo Superior de Evaluación del Sistema Educativo de Cataluña (CSDA) “(…)

En realidad, el informe del ministerio al que hace referencia pone de manifiesto que los conocimientos de castellano del alumnado catalán al final de primaria son equiparables a los del resto del Estado.

En el segundo artículo (“Las mentiras de la inmersión II”), Caja cuestionaba que el de la inmersion fuera un “modelo de “éxito” que garantiza la cohesión social y la igualdad” alegando que “ni partidos políticos ni entidades nacionalistas pueden demostrar que la inmersión lingüística obligatoria en catalán es un modelo de éxito porque los datos demuestran que es, justamente, lo contrario”  y para probarlo recurre a un informe de la Fundació Bofill, a la que califica de “entidad catalanista y subvencionadísima por el Gobierno autonómico catalán”. ¿No será que esas “entidades nacionalistas subvencionadísimas” se preocupan de analizar el modelo educativo para mejorarlo y no para justificar o denostar la inmersión?

En el informe Bofill se observa que en porcentaje, los alumnos castellanohablantes obtienen peores resultados que los catalanohablantes debido a las diferencias de nivel socioeconómico cultural (ESCS). Este es un hecho sabido en Catalunya y que viene de lejos, pero Caja lo atribuye en exclusiva a la inmersión obligatoria implantada en toda Catalunya en los años 90, basandose en un grafico de puntuación en ciencias en función de la lengua hablada en casa para grupos socioeconómicos homogeneos. (Grafico 14 pag 210) Y lo hace descartando otros factores que el mismo informe también recoge,

“En todas las áreas de competencias hay una gran desigualdad de resultados según la lengua hablada en casa. Estas desigualdades pueden ser debidas a distintos factores, Una posibilidad es que la falta de uso del catalán fuera de la escuela dificulte a una parte del alumnado el aprendizaje en un sistema que hace del catalán su lengua vehicular. Otra posibilidad es que estas diferencias estén muy relacionadas con el nivel socioeconómico y cultural de los distintos grupos lingüísticos. También hay que tener en cuenta que una parte del alumnado que no habla catalán en casa es alumnado inmigrante, que puede tener otras dificultades de adaptación al sistema aparte de las lingüísticas. Finalmente, cabe considerar que en Catalunya, a diferencia de otros países con una elevada presencia de alumnos bilingües, no se permitiría escoger la lengua de las pruebas PISA. Esta circunstancia podría explicar en parte las puntuaciones más bajas del alumnado que habla castellano en casa”.  (pag.208 y 209)

El informe concluye que las diferencias que se dan en Catalunya se reducirían si la prueba PISA pudiera hacerse en la lengua habitual: “Esta evidencia, junto con la de otros etudios internacionales, muestra que muy probablemente no habría diferencias entre el alumnado catalanohablante y el castellanohablante si la lengua utilizada en la prueba PISA en Catalunya fuera la lengua hablada habitualmente en casa” (pag.212). Lo cual no significa que los castellanohablantes se vean perjudicados por el uso del catalán sino que un mayor número de castellanohablantes podría demostrar que ha adquirido las mismas competencias –matematicas, científicas y de comprensión lectora- que sus compañeros catalanohablantes haciendo la prueba en su lengua habitual. Y la propia Fundación Bofill se encaraga de desmentir a Caja en su informe de 2011: “El análisis de las pruebas PISA pone de manifiesto que no hay diferencias estadísticamente significativas en los resultados educativos en función de la lengua hablada en casa, en paridad de estatus socioeconómico”

Por si no bastara con lo visto hasta aquí, Convivencia Civica también utilizó el informe Bofill para denunciar que se había excluido a una parte del alumnado de las pruebas PISA 2009 para maquillar los resultados y ocultar el fracaso de la inmersión obligatoria. Hasta el punto que Joaquim Prats, responsable del Informe PISA en Catalunya, tuvo que comparecer en el Parlament en marzo de 2012 para dar explicaciones. Prats comentó que las pruebas PISA en Catalunya se hacían en catalán y que quedaban excluidos de la misma los extranjeros que hacía poco que se habían incorporado al sistema escolar. “En Catalunya se excluyeron a un 3,73% de los alumnos segun los datos de la OCDE”. Esto es, se excluye de la prueba a una parte del alumnado para no desvirtuar los resultados y se hace de acuerdo con los criterios que se establecen para las pruebas a nivel inernacional.

La comparecencia también sirvió para poner de manifiesto que los miembros de C’s, lo mismo que Convivencia Cívica y La Voz de Barcelona, no sabían que las pruebas de comprensión lectora poco tenían que ver con el nivel de conocimiento de una u otra lengua: “El informe se hace en catalán, no mide la comprensión lectora en castellano pero mide la comprensión lectora. La comprensión lectora es un elemento de madurez intelectual, saber interpretar un texto, un gráfico o una imagen (que no son textos y no están en catalán), el que sabe hacerlo lo hace”

De los aspectos que apuntaba el informe Bofill para explicar las diferencias en los resultados del alumnado catalanohablante y castellanohablante, a parte del socioeconómico también tiene especial relevancia el de la inmigración. En 2008 el 15% de los alumnos no universitarios catalanes eran de procedencia extranjera y una parte de esta inmigración provenía de paises castellanohablantes (la mayor parte de la inmigración, un 36%, provenía del continente americano), algo que explica en parte los peores resultados del alumnado castellanohablante,. Catalunya registró entre 2001 y 2008 uno de los crecimientos demográficos más altos de su historia, con un incremento de un millón de habitantes (el equivalente a la población de Extremadura). La población extranjera representaba en 2008 el 15% de la población catalana y el 21% de la población extranjera residente en España.

El efecto de la emigración supone que una parte del nuevo alumnado –también el venido de otras partes de España- ha entrado en el sistema en mitad de su ciclo formativo, con lo que se puede haber visto perjudicado, no por la inmersión en catalán, sino por no haberla iniciado desde los primeros cursos. Pero resulta delirante que se considere esto una discriminación apelando a la UNESCO como hace Caja en su artículo, porque entonces nos tendríamos que preguntar si todos los que no estudian en su lengua materna, al margen de los que son castellanohablantes, están discriminados, y nos lo tendríamos que preguntar para toda España y no solo para para Catalunya.

En Ceuta y Melilla se da una situación específica: existen numerosos alumnos que no son extranjeros, pero que tienen otra lengua materna.

Ante este planteamiento los nonacionalistas suelen alegar que en la España monolingüe solo hay una lengua oficial, pero al hacerlo están reconociendo que ya no se trata de un problema de discriminación lingüística sino de oficialidad y dejan de tener sentido afirmaciones como la que hace Caja, cuando dice que “unos tienen derecho a la enseñanza en lengua materna y otros no lo tienen”, argumento que suele esgrimir tanto PP como C’s. Resulta evidente que lo que preocupa no son los resultados educativos sino el no disponer de un sistema educativo a la carta.

Por mucho que se diga que la inmersión atenta contra la convivencia y la cohesión social porque introduce la desigualdad de derechos y oportunidades entre los ciudadanos, lo cierto es que el sistema permite que no haya una división del alumnado por razones de lengua, algo que en muchos casos podría suponer también una división en función del nivel socioeconómico del alumnado, y permite finalizar los estudios con las mismas competencias en catalán que pueda tener el alumnado catalanohablante. El objetivo del sistema es el bilingüismo y el castellano no está excluido del sistema educativo catalán, por más que sus detractores no se cansen de repetirlo una y mil veces.

Que se diga que los castellanohablantes están discriminados siendo mayoría y cuando los hechos demuestran que existe un amplio consenso entorno al modelo lingüístico -lo respaldan todos los grupos parlamentarios excepto C’s y PP-, pone de manifiesto que algo falla en el discurso nonacionalista, de ahí que se recurra a las teorías del adoctrinamiento, que lo mismo valen para un roto que para un descosido. Decir que el modelo catalán es tan excluyente como el modelo franquista, -que era un modelo que no reconocía la obligación de conocer el catalán, ni obligaba a estudiar la lengua y la literatura catalanas-, demuestra que quienes confunden instrumentalización política de la lengua con normalización lingüística, solo temen que las diferencias entre Catalunya y la España monolingue sean demasiado evidentes.

Como esta es una discusión que no tiene fin –se basa en cuestiones ideológicas y tiene poco que ver con la educación-, en mayo de 2012 Convivencia Civica Catalana volvió a la carga acusando a la Generalitat de rebajar el nivel de las pruebas de castellano para argumentar de este modo que la inmersión no era perjudicial, basándose en un estudio de elaboración propia que comparaba la longitud y la tipología de los textos de las pruebas de catalán y castellano en la selectividad catalana.

Al nonacionalismo tanto le da que las pruebas de Selectividad de castellano en Madrid y Catalunya tengan el mismo grado de dificultad o que la nota media de castellano en las pruebas de selectividad 2011/12 en Catalunya no tenga nada que envidiar a las del resto del Estado: ( Valencia 5.875 (pag.6), Castilla la Mancha, 6.02 (pag.78), Catalunya 6.43). Al nonacionalismo ni siquiera le sirve que las pruebas de evaluación del Ministerio de Educación confirmaran un año antes, en 2011, que el conocimiento de castellano en Catalunya es equiparable al del resto del Estado, porque consideran que el nivel de dificultad de dichas pruebas es irrisorio.

Como siempre se podrán cuestionar las pruebas del Ministerio como se cuestionan las de la Generalitat, para poner fin a la discusión quizá sería más útil aplicar el sentido común. Para ser ciertas las tesis de CCC, los catalanohablantes tendrían que ser superdotados para poder compensar las carencias de los catalanes castellanohablantes y dejar la media catalana al nivel de la española. Si además tenemos en cuenta que los catalanohablantes son minoría, tendrían que ser doblemente superdotados. Y si tenemos en cuenta que el castellano no es su lengua materna y que han estudiado con la inmerión en catalán, tendrían que ser además triplemente superdotados.

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